Introducción
Cuando las épocas de invierno se avecinaban, alrededor de la víspera de las fechas más sanas y resonantes en el medio capitalista de una pequeña ciudad de tercer mundo. Las largas horas de espera no se hacían llegar para la pequeña imaginación de aquel introvertido muchacho de 14 años. Bajo de estatura, de cabello rizado, con una piel caucásica que le quitaría lo atractivo a cualquier otro minoría blanca de esa cultura; sus ojos se asemejaban a 2 habichuelas grandes y verdes, era como si nunca dejarán de observarte pero al mismo tiempo realmente nunca te prestaban verdadera atención. Su sonrisa frívola daba más escalofríos que la sensación de que su ser podía sentir una pequeña pizca de felicidad al demostrar ese gesto tan natural en cualquier otro ser humano.
"No podía dejar de mirarlo, tan fuerte, deslucido, lleno de vida, tenía en aquella mirada perdida la perfección del pensamiento arbitrario sobre la filosofía de cada una de las cosas de su alrededor. Desde sentarse a preguntarse cómo podía la magnificencia del ser humano actuar de manera tan particular y ridícula frente a ciertas tipos de situaciones, seguro causaban en él la idea de qué tan beneficioso había sido la evolución humana, simplemente penaba que no estábamos en el auge de una cadena evolutiva para venir a carcajearnos de risa frente a chistes tan estúpidos que creía solemnemente que él podría hacer mil veces mejor...."
Quizá la opinión de él mismo sobre cómo lo percibían los demás estaba no un poco alejado de la realidad, sino que a lustros luz de lo que realmente pasaba. En un principio nadie le prestaba demasiada atención al singular muchacho, y por otro lado muy pocas personas notaban su opaca presencia en la sociedad. Nadie lo consideraba fuerte ni mucho menos lleno de vida; y por supuesto que no lo percibían como un pensador post-moderno lleno de ideales y análisis filosóficos y pseudo- anarquistas sobre el comportamiento de la sociedad frente a la dicha de pertenecer a una generación critica y con falta de escrúpulos para auto criticarse y ser parte del problema al mismo tiempo.
Capítulo 1
Desde que caminó hacia el lugar donde tomaría su transporte la presencia de algo nuevo se avecinaba a lo lejos en ese día tan especial. Ni siquiera había razones suficientes que explicaran porque el 25 de septiembre sería una fecha intrigante e increíblemente especial para aquel incomprendido pero curioso muchacho.
Como cualquier otro día, él llegó a su parada habitual. Se sentó, miró a su alrededor, se cercioró de que no hubiera alguien que pudiera interrumpir su inútil paranoia acompañada de tranquilidad; sacó su teléfono sintiendo que todo el mundo en ese preciso momento se estaba fijando en qué pista pondría y la manera sutil en la que tocaría su pantalla para hacerlo. Tomó un respiro y se coloco sus audífonos. Estaba disfrutando de su música tan melódica y extraña que había descargado un día antes en una de esas páginas extrañas de internet.
Los pensamientos que le avecinaban en ese instante no eran
tan relevantes para lo que estaba a punto de presenciar el joven alumno,
mientras su música extrañamente psicodélica lo envolvía en una extraña devoción
su atención fue invadida por completo al sentir la presencia de una pequeña
señorita que pasó a su alrededor. No era muy alta y mucho menos bonita, era muy
delgada para cualquier crítica de una persona normal, tenía unos ojos enormes y
grises, además de una sonrisa que haría olvidar a cualquier hombre de que ella pudiera ser una posible
conquista.
Al sentarse dejo caer su cabello increíblemente largo y
lacio, parecía que quería ocultar un universo de ideas en él, lucía escéptica, pero atenta al momento en que el autobús arribara.
No pasó mucho tiempo para que el transporte llegara, la
mirada del imperceptible estudiante al levantarse para subir era sumamente rara, por
primera vez no subió precipitado y primerizo, dejó de lado ese egoísta sentimiento y miró a su alrededor.
Él sabía perfectamente como en México se acostumbra dejar subir primero a las mujeres, denominado como un acto de respeto y devoción hacia las señoritas. Nunca realmente le importó o reflexionó sobre esa ridícula creencia, para él siempre fue mucho más importante la idea de conseguir un buen lugar dentro del bus, poder dejar su mochila en el primer asiento, postrar su escuálido cuerpo en el asiento posterior y perder su vista en la ventana como un bebé descubriendo el mundo. No podía soportar la aparente idea de terminar de pie, tendría que luchar contra el constante contacto del resto de la población. Ellas caminaban, bajaban, lo miraban, lo empujaban, le pedían permiso, observaban su rostro al subir, sus zapatos, su uniforme escolar... Un sinfín de pequeñas actividades que quedaban totalmente anuladas si lograba obtener un buen asiento a tiempo.
Se ve chido pero la verdad ni siquiera leí la mitad
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